La industria audiovisual y editorial vs el mundo real

15/07/2010 No Comments by acorsinl

Hoy Libranda, una plataforma de libros digitales en español, se ha lanzado al público por fin y venderá libros de 10 editoriales por el momento. La plataforma no será para usuarios finales, sino que por el contrario, será exclusivamente una plataforma a la que se conecten las tiendas. Es decir, es lo que se conoce como hub, un concentrador para la distribución y no una plataforma de venta online.

Dicen que gran parte del éxito de la cadena norte americana Wal Mart, la empresa de comercio minorista más grande del sector, se debe a su Dirección de Operaciones. Fueron capaces de ver dónde estaban los cuellos de botella y de resolverlos, siendo pioneros en la creación de concentradores de distribución donde los proveedores llegaban con sus productos y se reempaquetaban sobre la marcha para la distribución a las tiendas. Era mucho más eficiente que la gestión individual de cada proveedor y a las cifras se puede uno remitir para ver el éxito de esta estrategia: Wal Mart el año pasado facturó mas de 400.000 millones de dólares.

Desde el sector editorial, con el lanzamiento de Libranda, ha dejado claro que su objetivo no es la venta directa al consumidor y que Libranda – y cito – respeta la cadena de valor del libro. Es curioso contrastar esta opinión con la que tiene la industria audiovisual, que afirma que son contrarios a modelos de negocio de distribución de música gratuitamente puesto que – y cito de nuevo – resta valor a la música.

Ambos sectores tienen el mismo problema, las preferencias de los usuarios han cambiado. La estrategia de Wal Mart fue exitosa porque la gente no tiene alternativa a ir a la tienda. Mejorar su cadena de operaciones les permitió ser más eficientes y ser así la compañía número uno. Sin embargo con los productos editoriales y audiovisuales, la cosa ha cambiado. Gracias a Internet, uno se puede bajar a una velocidad pasmosa un libro, una película o una canción cuando quiera y donde quiera.

Cuando yo tenía menos años e Internet no existía era un fiero comprador de música. Debo tener por casa lo menos 300 cds comprados con la paga que por aquel entonces me daban mis padres, que iba un 100% directa a engordar la facturación de varias tiendas de la zona de la Gran Vía madrileña cada fin de semana. Escuchaba cada disco una y otra vez, sin parar, eran pequeñas joyas de las que conocía el título de cada canción, las letras, el año de edición y muchos otros detalles que me preocupaba de averiguar en revistas especializadas. Sin embargo, hoy por hoy, eso ya no es así. La música y el cine se han convertido en commodities, en productos que tienen demanda, pero que ya no tienen valor y lo mismo está pasando con los libros.

En cualquier empresa normal, cuando se produce un cambio en los gustos de sus clientes, lo normal es que la dirección estudie qué es lo que quieren sus clientes, cambien su modelo de negocio y ofrezcan a los clientes lo que quieren. Si no, llegará otro y les quitará el puesto y cerrarán. En las empresas de los sectores editorial y audiovisual sin embargo la estrategia es criminalizar a los usuarios, ejercer presión sobre los gobiernos para que legislen a su favor y tratar de imponer un modelo de negocio que está muerto, no por Internet, sino por su propia ineptitud.

Imagino que para una editorial, asumir que te tienes que cargar el eslabón final de tu cadena de distribución, es decir, las tiendas, debe ser duro. No lo dudo. El caso es que yo suelo comprar entre dos y tres libros al mes desde que me compré un Kindle de Amazon y varios meses más tarde, en mi colección aún no tengo ningún libro en lengua castellana porque no he sido capaz de encontrar una sola tienda que me venda los libros en formato digital como Dios manda y si la solución que me proponen es que me lo compre yendo a la casa del libro a que me lo den en un pen drive o similar, es que no están entendiendo nada de los tiempos que corren.

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