La oscura era digital
El otro día vía @jorgecarabias descubrí Inkling, una aplicación para libros de texto para iPad que promete ser espectacular. La aplicación aprovecha todas las posibilidades de un dispositivo que permite visualizar contenido multimedia en tiempo real aprovechando además las posibilidades que la bidireccionalidad de Internet ofrece. Aquí podéis ver un vídeo de demo (una pena que no lo tengan en youtube, vimeo o algo más decente para incrustarlo).
Hace relativamente poco Google decidió cerrar Google Wave, una herramienta con la que pretendían reinventar el correo electrónico, aduciendo que el usuario no está preparado todavía (aunque serán más bien motivos financieros por la baja aceptación que tuvo). Tras muchísimo tiempo utilizando Evernote para mis notas, Google Wave se convirtió en la herramienta que utilizaba para reemplazarlo, me resulta más útil tener un navegador nada más para todo que depender de clientes pesados y Wave, al integrarse con el resto de servicios de Google, me resultaba más cómodo que utilizar la versión web de evernote.
El caso es que tras cerrarlo, me he visto con que tenía que volver a Evernote a todo trapo si no quería ver todas mis notas perdidas en el limbo digital y he recordado un documental de hace siete años: La oscura era digital (lo podéis ver aquí).
El documental deja patente el mayor problema de la llamada era digital. La información que recibimos y generamos es inmensamente mayor que la que jamás existió, pero la estamos apoyando en soportes que son perecederos a muy corto plazo. Hoy, muchos años más tarde, podemos disfrutar de los descubrimientos químicos de Louis Daguerre en 1839 que sentaron las bases de la fotografía, podemos leer obras escritas en pergaminos varios siglos atrás o podemos darnos un paseo por las cuevas de Altamira para ver lo que hacían nuestros primeros antecesores. La piedra o el pergamino han demostrado a todas luces que son herramientas excelentes para contener la información.
En la actualidad sin embargo tenemos un problema añadido. Ya no es sólo que la durabilidad de un disco duro sea infinitamente menor que la de una piedra, sino que a diferencia de en el pasado, metemos capas de abstracción intermedias para enriquecer la información. En el hipotético caso de que un disco duro de hace 20 años siga funcionando en la actualidad (o en 40 años), necesitamos el software que utilizamos entonces para escribir la información. Podemos tener un maravilloso fichero de word perfect que sin el software, lo tenemos complicado para acceder a la información que contiene, estamos delegando el acceso a nuestra información a la perdurabilidad en el tiempo de terceros, de empresas, cuya función es ganar dinero – puesto que para eso se hace una empresa – y que no necesariamente actualizará sus productos para que sean compatibles con los anteriores atendiendo exclusivamente a criterios de rentabilidad.
El daguerrotipo puede seguir siendo visto casi 200 años después, hoy en día una foto en raw de Canon es diferente de la misma foto tomada también en raw con una Nikon, ya que sus formatos son incompatibles entre sí y necesitamos las herramientas de uno y otro para poderlas ver. Otra muestra: todo el contenido generado en flash hasta hoy no puede ser reproducido en un iPad. La decisión de una empresa se puede cargar el acceso a la información en un santiamén.
Mientras que el reto de soportes duraderos se podría paliar con copias a tecnologías que vayan surgiendo, debemos solucionar cuanto antes el problema de las capas intermedias de tratamiento de metadatos, lo que en mi opinión debería ser abordado desde la exigencia de los consumidores por la creación de estándares utilizados por todos los fabricantes.
¿Podré seguir viendo mis libros de texto de Inkling en 20 años?
