Sobre la música para melenudos y la forma de ser

12/11/2011 No Comments by acorsinl

Historia y arte siempre han estado ligadas. No se puede entender la historia sin el arte y el arte sin la historia.

Los artistas clásicos griegos y romanos buscaban la imitación perfecta de la naturaleza. Entre tanto sus civilizaciones despuntaban en el mundo al ser las primeras organizadas en algo parecido a lo que conocemos hoy.
El arte medieval deja patente la fortísima influencia de la religión en la época, donde apenas se encuentran obras de caracter no religioso y donde se puede deducir que la falta de artistas con motivos diferentes se debía a que la gente tenía otras prioridades menos elevadas como tener algo que echarse a la boca.
Sin embargo, los cambios políticos, religiosos – el protestantismo avanza con fuerza – o económicos a partir del siglo XVI crean una nueva mentalidad que también podemos ver en el arte. La gente se empieza a preocupar por otras cosas y desde entonces podemos ver movimientos que tratan de romper totalmente con lo anterior y desembocan en la época de mayor esplendor conocido teniendo en cuenta los cambios en múltiples planos: el siglo de las luces.
Ya en épocas menos lejanas podemos encontrar a dadaistas, cubistas o surrealistas. Estilos totalmente diferentes pero con un denominador común: romper con el pasado tras una época de crisis e insestabilidad social; en este caso, las consecuencias de la revolución industrial, la Primera Guerra Mundial, y la lucha de clases.
Cuando Duchamp firma una letrina, actualmente expuesta en el MoMa de Nueva York, está escupiendo a la cara al estilo académico anterior. Si un cuadro firmado por alguien académico es arte, esta letrina también lo es. Poco después los surrealistas como Dalí comienzan a hacer sus pinitos con sus obras transformadoras de la realidad reivindicando el subconsciente.
Y estamos en esta situación cuando llegan los años 60. Un nuevo cambio social se produce, las temáticas reivindicativas de los hippies arrasan en norteamérica y su influencia genera todo un mundo de canción social reivindicativa que probablemente haya sido uno de los más prolíficos de la historia. La sociedad empieza a tener unos nuevos valores y, como siempre, éstos se trasladan a las artes. Comienza el cambio de la sociedad hacia cómo la conocemos hoy en día.
No obstante, este cambio no fue tan sencillo. Las antiguas clases dominantes se afanaban por mantenerse en su lugar, no se quería cambiar el sistema. La lucha continuó durante unos años, conviviendo con crisis sociales y económicas hasta lo que personalmente creo que fue el principio del fin del anterior sistema: una nueva mentalidad que culmina con la aparición del punk a mediados de los 70.
Los jóvenes no veían salida, se veían fuera de un sistema preestablecido y comenzaron su rebelión particular: no hace falta tener ni idea de tocar un instrumento, bastaba con aporrearlo, hacer ruido y cantar a grito pelado sin apenas entonación que no hay futuro; hay que buscarse la vida. Valga como anécdota de la época que expresa perfectamente este espíritu rompedor que Glen Matlock, el bajista original reemplazado por Sid Vicious, fue expulsado de Sex Pistols porque le gustaban los Beatles.
Y creo que es desde este momento donde podemos encontrar la división de la sociedad en dos tipos de música. En primer lugar, la música más popular, más pendiente de la forma que del fondo, con letras bastante neutras sobre temas sin profundidad alguna. El hedonismo de la sociedad actual y la pérdida progresiva de valores se empieza a plasmar. Véase este ejemplo de la canción Turn me on de David Guetta por poner sólo un ejemplo.
Por otro lado, las músicas alternativas, musicalmente menos perfectas en su mayoría, pero con un mayor trasfondo en las letras: el heavy metal con sus letras sobre pasados épicos donde los valores aún eran fuertes, el thrash y sus críticas al sistema y la reivindicación del individualismo o las letras de fortísima denuncia social de géneros bien diferentes como el hip hop y derivados.
Todos estos géneros, normalmente denostados por la mayoría, suelen tener un trasfondo intelectual mucho más fuerte de lo que se piensa, acogiendo entre sus filas a los inconformistas, a aquellos que sueñan con un mundo diferente y, de estos, siempre hay alguien que lo intenta y consigue que la sociedad avance.
Ojalá tuviéramos más melenudos y menos David Guettas.

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