La Economía como nunca se la habían contado (I)
Siempre pensé que el problema de España era la educación. Ya en el siglo XI decían del Cid que “qué buen vasallo, si tuviera buen señor”. Y por educación, no me refiero a que el español medio pueda sacar un manojo de títulos universitarios, me refiero a tener una serie de conocimientos que nos permitan tener criterio propio.
Salvo excepciones, España es el país del bufandismo desde tiempo inmemorial. Si toca enviar dinero para sobornar príncipes electores para comprar el título de Emperador a Carlos I, allí que lo enviamos. Si toca luchar en Flandes, allí que vamos a dar sopapos. Si alguien nos dice que hay que votar a la izquierda o a la derecha, allí que votamos.
Y nadie se cuestiona por qué demonios está haciendo lo que hace.
Total, que dan las campanadas anunciando la entrada en 2012 y el país está dividido en cuatro tipos de personas:
- Los que creen ser entrenadores de fútbol
- Los que saben de Fórmula 1 desde que Fernando Alonso empezó a ganar cosas en Renault.
- Los que cumplen la suma de las opciones uno y dos
- Los que de verdad saben y todo el mundo ignora
Pero claro, estamos en una democracia, afortunadamente, y hay mucha más gente en las opciones uno, dos y tres que en la opción cuatro. Y aquí entra el otro gran problema de los españoles: los que saben mucho sabrán mucho, pero se explican fatal. Nunca he sabido si es por interés de aglutinar el conocimiento para vivir mejor, si es por falta de capacidad para la docencia o por cualquier otra razón, pero la realidad es que no todo el mundo tiene la misma capacidad (sea intelectual, sea económica para poder haber accedido a una educación potente) y hay que explicar las cosas mucho mejor de lo que se está haciendo para que todo el mundo las entienda. Es fundamental que los Valdanos y los Alonsos del país, cuando vayan a hacer algo, tengan capacidad de tener criterio propio para evitar ser manejados como ganado por el poder político.
Y desgraciadamente, esto no pasa.
Así que hagamos autocrítica, los que hemos tenido la fortuna de poder aprender cosas que otros no han podido, debemos, tenemos más bien, la obligación moral de devolver a la sociedad ese conocimiento por escaso que sea para que la sociedad avance. Y como estoy convencido de que la economía y fiscalidad básicas se pueden explicar de forma mucho más sencilla que hablar de curvas de Phillips, escudos fiscales y demás palabras emperifolladas, asumiendo modestamente que yo tampoco soy el señor Kraugman, voy a ver si soy capaz de hacer un pequeño resumen sobre el tema – espero que sea ameno – y explicar en qué nos afecta en la vida real en una serie de posts que éste inaugura a modo de introducción.